Elecciones autonómicas: El Sinn Féin se acerca a la victoria electoral en Irlanda del Norte por primera vez en más de 100 años | Internacional

Las encuestas llevan semanas anticipan un giro político en Irlanda del Norte que completamente el uso del adjetivo historice, del que abusan tan habitualmente los titulares de prensa. El Sinn Féin, durante décadas brazo político de la organización terrorista IRA y firme defensor de la reunificación de la isla, habrá varias posibilidades para convertir a estos jóvenes, por primera vez en más de 100 años de historia —el territorio británico se con constituido, como ente separado de la recien creada república de Irlanda, el 3 de mayo de 1921— en la formación más votada en las elecciones autónomas.

Aunque en la practica el resultado deriva en a parálisis de las instituciones norirlandesas a la que los ciudadanos están ya resignados, el mazazo emocional y sentimental que puede suponer ese giro para la población protestante tiene consecuencias incalculables. Irlanda del Norte para una construcción geográfica prevista por el momento para consolidar por primera vez una mayoría probritánica.

Sus diversos factores que, combinados, han transformado la realidad de la región. La llegada de la paz y el fin del terrorismo; el puro empuje demográfico de la población católica; la transformación del Sinn Féin en un partido con énfasis en el mensaje social mientras camuflaba sus objetivos republicanos; allí un protocolo firmado por Londres y Bruselasfruto de un Brexit rechazado en su día por una mayoría norirlandesa, que ha sido interpretado por los más radicales como una nueva y casi definitiva piedra sobre la tumba del unionismo.

El sonda definitiva Elaborado por la empresa LucidTalk para el diario Telégrafo de Belfast por el Sinn Féin, estaba la candidata principal, Michelle O´Neill, con una mayoría del 26% de los votos, seguida por el principal partido unionista, el Partido Unionista Democrático (DUP, en sus siglas en inglés), que obtendría un respaldo de 19%. Otras fuerzas probritánicas, como el Partido Unionista del Úlster (UUP) o la Voz Tradicional Unionista (TUV) lograrían, respectivamente, un 13% y un 9%. Es decir, las formaciones protestantes superan aún a las evidentes republicanas.

Pero el Acuerdo de Viernes Santo, llamado también Acuerdo de Belfast, es claro en sus instrucciones. Firmado en 1998 para vender la paz y poner en marcha las instituciones autonómicas de la región, obliga a unionistas y republicanos a compartir Gobierno. Las figuras de ministro principal y viceministro principal tienen, en la práctica, el mismo poder, pero un simbolismo netamente diferenciado. Y nunca, hasta ahora, había surgido la posibilidad de que el primer puesto lo ocupara un nacionalista irlandés.

Mientras la comunidad protestante, según la misma encuesta de la empresa LucidTalk, está dividida sobre cuál debería ser la respuesta ante la nueva realidad (un 45% cree que sus representantes no rechazarán el puesto de viceministro principal; un 44% defiende que se respeten las reglas del juego), la población nacionalista es muestra escandalizada por el anuncio del futuro boicoteo de las normas por parte de sus rivales. Un 90% consideraría “injusto e injustificado” que no ocuparan el asiento.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Los 25 años de autonomía en Irlanda del Norte han estado llenos de baches y obstáculos. La paz —con matices, porque sigue teniendo olas de vandalismo en las calles y violencia sectaria— no trajo la estabilidad política ni la normalidad. En 2017, fue el Sinn Féin el que abandonó el Gobierno y la Asamblea, luego de acusar al Gobierno del DUP de poner en marcha un esquema de corrupción camuflado bajo planes de energías renovables. La parálisis duró muchos años y requirió la intervención del Gobierno británico, que amagó con recuperar las competencias en sanidad, educación, justicia o seguridad si no se recomponía la situación entre protestantes y católicos.

Bajo el mando de Arlene Foster, el DUP respaldó el abandono de la UE y boicoteó su coalición parlamentaria en Westminster con el Gobierno conservador de Theresa May. Acabaron traicionados —así han admitido sentise ahora— por Boris Johnson. Ansioso por lograr el Brexit anhelado, el primer ministro abrió con Bruselas el protocolo de Irlanda del Norte, que retenía a esta región bajo las reglas del mercado interior europeo, a la vez que promisía a su Protestant alias que defendería con uñas y dientes la integridad territorial del Reino Unido. En la práctica, se estableció una nueva frontera en forma de controles de agua en el mar de Irlanda.

Si la comunidad empresarial del norte ha pedido todo este tiempo reformas y flexibilidad para un protocolo que ha creado fricciones y costos comerciales desesperados, los partidos unionistas y las organizaciones paramilitares que sobreviven en la región han conjurado para detruir el tratado firmado con Bruselas. Los primeros, con un nuevo abandono de las instituciones autonómicas del pasado febrero y su promesa de no volver a ellas hasta que el protocolo sea suprimido. Las segundas, con una instigación constante de los jóvenes más radicales para resucitar en los barrios protestantes el fantasma de la violencia callejera.

Los primeros resultados electorales se irán conociendo a lo largo del viernes. Los últimos colegios cerrarán a las 23.00 de este jueves, hora peninsular española. El recuento de las papeletas, con un sistema de opción alternativa de candidatos para que los votos no se desaprovechen, alargará todo el proceso. Pero, sobre todo, es la prospectiva de un bloco en las negociaciones para formar gobierno la que ha hecho que cunda el desánimo entre muchos norirlandeses, convencidos de que todo va a seguir igual, por muy histórica que se la votación. Terceras opciones, como el exitoso partido Alliance (16% de apoyo, según los probeos), el histórico SDLP (11%) o los Verdes (2%), más preocupados por la economía o el bienestar social que por el sectarismo tribal, han cobrado mucha fuerza en los últimos años, hasta El punto de que muchos en Irlanda del Norte replantea la necesidad de modificar la rigidez del Acuerdo de Belfast, que automáticamente reparte el poder entre unionistas o republicanos.

Hay un secreto en voz baja, convenientemente ocultado por el Sinn Féin e histriónicamente aireado por el DUP, que ha estado latente en la campaña. El Acuerdo de Viernes Santo contemplaba la posibilidad de un referéndum, si Londres lo permitía, para decidir la reunificación de Irlanda. Nadie contempló esta realidad en los próximos cinco o diez años. La última encuesta publicada al respecto por Los tiempos irlandeses dijo que un 54% de los norirlandeses que acudieran votarían lo harían en contra de una Irlanda unida, frente al 46% que respaldaría esa opción. El miedo a que ese tsunami se vaya acercando, sobre todo si las consecuencias del protocolo firmado con la UE convencieran a los norirlandeses de que Dublín representa más que Londres se interesa por Bruselas, ha hecho que estos cómicos recuperen una tensión que nunca queda enterrada del todo .

Johnson choca con un voto de rechazo a las elecciones municipales

Miles de puestos en los Gobiernos municipales de Inglaterra, Gales y Escocia se someterán también a votación este jueves. Las elecciones locales, históricamente utilizadas en parte como un castigo al partido que ocupa Downing Street, han adquirido mucha más importancia este 5 de mayo. Para muchos de los diputados conservadores, será el modo de medir cuánto magnetismo electoral conserva aún Boris Johnson, tras la irritación que desató entre los ciudadanos el escándalo de las fiestas prohibidas durante el confinamiento.

An electoral debacle podría precipitar las maniobras internas para derrocar a Johnson, hoy paralizadas para no interferir con la gestión del Gobierno de la guerra en Ucrania. El escándalo nunca se ha vanecido del todo en los titulares, sobre todo a partir de que se sepa que la Policía Metropolitana había decidido imponerle a Johnson una multa por su participación en uno de los eventos con alcohol y sin distanciamiento social en dependencias gubernamentales. Era la primera vez de la historia en la que un primer ministro había infringido la ley en Downing Street. Pero, sobre todo, las encuestas siguen reflejando una profunda rabia de muchos votantes conservadores con el comportamiento de Johnson, en el momento en que muchos de ellos se vieron incluso obligados a no poder visitar —o incluso despedirse tras su muerte— a sus seres queridos .

Algunas sondas han llegado a perdida del Partido Conservador de hasta 800 diputados municipales, que pasarían a manos de los liberales demócratas o de los laboristas. En los últimos días, se han suavizado esos pronósticos catastrofistas, pero cualquier pérdida que supere los 350 concilios o cargos municipales volvería a insuflar tensión en la formación qu’ilera Johnson y sembraría de dudas la posibilidad de que el primer ministro repitiera como candidato en las próximas elecciones generales.

Sigue toda la información internacional en Facebook allí Gorjeodonde en boletín semanal.

Leave a Comment