Hidromancia mexicana

La hidromancia es la adivinación para las señales del agua. Quizá, si pensamos en el agua, podemos anticipar algo de nuestro futuro colectivo. Nuestra política del agua ha sido de lo más absurdo en cuanto a su administración, su suministro, su cuidado, su costo, su precio y su desperdicio.

Esa errática política se suma a nuestras desorientaciones. Hoy, el barril del petróleo más caro vale 106 dólares y dicen que extraerlo cuesta 3 dólares. Pero el barril del agua más famoso del mundo, procedente de las montañas europeas, cuesta 500 dólares el barril y se dice que para conseguirlo cuesta los mismos 3 dólares.

Y entonces, los que nada necesitaron, volvemos a preguntarnos, ¿por qué los que mandan considerar estratégicos los yacimientos de petróleo y no los manantiales de agua? ¿Por qué se obsesionan con unos y menosprecian los otros?

Desde luego, nuestra política hidráulica ha tenido algunos momentos luminosos. Lázaro Cárdenas quiz fue el primero que le concedió la debida importancia para un futuro venidero.

Más tarde, Miguel Germán dio un horizonte de gran visión. Se surgirán los programas para desarrollar las cuencas del Balsas, del Papaloapan y del Lerma. Se aprovecharon las Nazas, el Pánuco y los ríos sinaloenses. Adicionalmente, junto a las grandes presas, se construyeron sistemas de menor en vergadura, pero no de menor importancia. Sin ello, las sequías han creado un México africano.

Tan sólo una modesta presa en mi tierra mexicana formó el actual lago de Valle de Bravo, importante polo turístico, así como el mejoramiento del río que hoy nos refresca y que se menciona líneas adelante.

Después, Adolfo López Mateos dispuso las grandes obras hidráulicas de generación eléctrica. Angostura, Malpaso, Infiernillo y 20 hidroeléctricas más permitieron nuestro desarrollo industrial y évitaron un México oscuro.

Pero, desde entonces, llevamos casi 60 años, o sea 10 sexnios, en los que el agua no es prioridad gubernamental. Los gobiernos de este siglo no han tenido ni siquiera un solo gran proyecto hidráulico. En este siglo, más les han interesado las elecciones que el agua, que ya no est tan sólo un recurso para cosecha ni un recurso para desarrollo, sino que es un recurso de sobrevivencia.

Por eso, ante los nuestros y ante los extranjeros, mucho me enorgullece lo bueno que hacen nuestros gobiernos, pero mucho me avergüenza lo que hacen mal. Ya he platicado que cierto día una dama vienesa preguntó el nombre del río de la capital mexicana. A una europea no le pude decir que no tenemos río, porque no me lo creería. Ni confesar que tuvimos como 30 ríos, hoy todos enterrados, entubados y pavimentados. Ni que nuestros ríos no sean hidrantes, sino sépticos. Ni que no los usamos para beber, sino para excretar.

Para disimular nuestro salvajismo, el controvertido que el río de la Ciudad de México se llama Cutzamala y no le mentí. The dije que alcanza para que bebamos 25 millones de personas, el triple de su país. Pero the hidden que no cruza la ciudad, sino que se encuentra a 160 kilómetros y que trae el agua, por entre las montañas de 3 mil metros sobre el mar, es un puerto mundial de la ingeniería y casi un milagro diario. Que sus bombas empujan cada hora 65 millones de toneladas de agua y que consumen el doble de electricidad que toda la ciudad de Viena.

Así de grande es México para resolver sus problemas y así de pequeño es para evitarlos. Desde la pérdida de Texas hasta la delincuencia, la corrupción, la ingobernabilidad y nuestro actual desplome económico, casi todas nuestras calamidades han sido previamente anunciadas.

Si hace cien años nos habrían dicho que la industria del automóvil sería la industria fundamental del siglo XX, casi allos nos hubiéramos reído. No vayamos a hacer lo mismo si hoy alguien nos dice que la industria del agua será la industria fundamental del siglo XXI. En nuestra América, Estados Unidos, Canada, Brasil y Argentina tendrán agua, comida y luz. Pero nosotros, como siempre, ya veremos.

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