Reseñas | La revocatoria del mandato prueba que AMLO ya perdió a la mitad de las personas que lo llevaron al poder

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), afeitado durante la consulta sobre la revocatoria de mandato que tuvo lugar ayer, 10 de abril. Sin embargo, sufrió una de las mayores derrotas de su gobierno.

AMLO no compitió con nadie y ningún partido pidió su destitución: pidió que se hiciera la consulta y la oposición llamó a no participar. Muchos intelectuales críticos, analistas, activistas y periodistas destacaron en las redes sociales que no votarían porque el ejercicio encubría un intento del presidente de golpear al Instituto Nacional Electoral (INE). Por eso, la medida del éxito o fracaso de AMLO nunca ha sido el porcentaje de votos a su favor, sino el número de personas que acudieron a votar. Esto mostraría la capacidad de movilización del presidente y su partido, Morena.

Así, haciendo una comparación con el fútbol, ​​AMLO organizó un partido en el que solo su equipo entró a la cancha… y aún así no pudo marcar los goles que esperaba. Sus seguidores van disminuyendo año a año: en 2018 asume la presidencia con 30 millones votos, en las elecciones intermedias de 2021, su coalición alcanzó 21 millones y en la despedida de este domingo cerca de 16 millones lo apoyaron (según recuentos preliminares).

Como el llamado de la oposición era a no ir a votar, el porcentaje de los que votaron a favor se asemeja a una dictadura: más del 90% de los que acudieron a las urnas aprobaron su permanencia en el poder.

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AMLO y su partido lo asumen como un triunfo. Buscan reforzar la narrativa de que cuentan con el apoyo de más del 90% de la población y que, en un ejercicio histórico y democrático, le han expresado su confianza a pesar -como él siempre dice- de todas las supuestas trabas que le ponen sus opositores. .

Pero los números cuentan una historia diferente. En sus tres años de mandato se ha convertido en un gancho para el presidente y sus seguidores, respondiendo a las críticas con “30 millones de votos nos respaldan”. Fueron utilizados como arma retórica para mostrar la legitimidad de un gobierno con respaldo popular como no se había visto en décadas en México. Hoy, la pregunta es: ¿dónde estaban esos 30 millones de voces? Este domingo, AMLO estuvo nuevamente en las urnas, ya que la consulta le preocupaba a él y su permanencia en el poder. Y apenas obtuvo la mitad de esos votos.

Y que el presidente, su gabinete y sus gobernadores se volcaron para llevar votantes a las urnas. Tres partidos políticos de la alianza obradorista movilizaron a sus huestes. También se ha documentado que los “servidores de la patria” -servidores públicos que recorren el país para promover programas sociales- trabajado para el voto pro AMLO y los beneficiarios de dichos programas fueron chantajeados con el discurso de que no apoyar a AMLO los pondría en riesgo de perder su apoyo financiero. Al menos 21 millones de personas en el país reciben algún tipo de apoyo del gobierno, pero incluso los que no acudieron a votar.

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Hubo tanta participación del gobierno y fue una elección tan estatal que el INE incluso apuntó a la posibilidad de cancelar ejercicio pues, incluso antes de su ejecución, había recibido 172 denuncias -la mayoría contra funcionarios públicos- por el uso de recursos gubernamentales, que incluyen incluso aviones destinados a empresas de seguridad, para hacer campaña.

Ante este aparato de funcionamiento político, recoger menos de 16 millones de votos parece un rotundo fracaso. Están muy lejos de los 37 millones de participantes (40% de la lista nominal de votantes) que eran necesarios para que el referéndum fuera vinculante.

Pero el presidente intentará convencer a su pueblo de que el vaso está medio lleno. Es urgente que olvide que lleva tres años en el gobierno sin resultados y que necesita oxígeno político. Pero también porque sabe que no es fácil movilizar a tanta gente y, además, en pleno periodo de Semana Santa. Logró mostrar un músculo que la oposición no logró mostrar. Esos 16 millones son su punto de partida para las elecciones presidenciales de 2024 y la oposición ni siquiera sabe si lo tiene.

Para AMLO, la revocación del mandato fue la repetición de una operación electoral. Y en este ensayo mostró sus fortalezas, pero también sus debilidades.

Llega para él la parte más desagradable del sexenio, su último tercio, en el que tendrá que dar resultados porque ya no le bastan las artimañas que ha utilizado con frecuencia, consistentes en culpar a gobiernos anteriores y prometer un futuro mejor. La consulta de revocación exhibe el desgaste del gobierno, una radiografía de un pueblo que ya no acompaña al líder en sus andanzas del ego. El líder, por su parte, demuestra con este ejercicio que su compromiso no es tener un buen gobierno, sino llevar una buena campaña política. Tiene sentido: como activista político es un éxito, como líder fue un fracaso. Es el quiosco de música, no la administración; habla más que gestos. AMLO es un vendedor de esperanzas, no un administrador de ganancias.

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Con este referéndum revocatorio lleva al país al ruedo donde se siente cómodo. Y como es claro que en los dos años y medio que le quedan no le dará resultados positivos al gobierno -no hay señales de mejoría en el tema de la inseguridad, la economía sigue fallando y los escándalos de corrupción se extienden incluso en su familia—lo que quiere es empezar ya la campaña electoral.

El experimento era ver cuánta gente tenía, cuál era su base, qué gobernadores y secretarios de Estado le aportaban más votos. Pero sobre todo, lanzar el ataque final contra el INE, para que sea un árbitro vendido y sea él quien lo compre. El mismo día de la consulta, la organización sindical que siga la democracia, que recogió millones de firmas de simpatizantes para organizar la destitución, anunció su nueva misión: despedir a los asesores del INE. Es innegable que AMLO y su gobierno cada vez pierden más apoyo social.

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